Dos son los culpables de los calambrazos al salir del coche, la eletricidad estática y el aislamiento. La palabra aislamiento nos hace sentir seguros pero en ocasiones es un fastidio. Lo explicamos:
El roce de dos cuerpos produce (entre otras cosas) una transferencia de electrones pertenecientes a los átomos de materia. Como resultado, un cuerpo se queda con más electrones de los que tenía y el otro con menos y si al principio estaban en equilibrio al final uno tiene una pequeña (o grande, depende de cuanto se haya frotado) carga positiva y el otro negativa. De estos cuerpos se dice que están cargados. Los electrones son como los gallegos y tienen morriña de la tierra. Por eso cualquier corriente eléctrica siempre busca llegar al suelo. Si un cuerpo cargado está en contacto directo con la tierra, los electrones que constituyen su carga intentarán circular hasta llegar a ella, pero solo lo pueden conseguir si el cuerpo no está “aislado”. Vamos que si yo me froto con algo y voy descalzo, los electrones utilizaran mi cuerpo (mal conductor pero conductor al fin y al cabo) para llegar al suelo, pero si llevo unos naúticos con suela de goma de 3 cm, los electrones se quedaran conmigo hasta mejor ocasión.

Un coche también es un cuerpo y cuando circula sufre el rozamiento del aire que técnicamente no es un cuerpo pero está compuesto por moléculas que tienen átomos que tienen electrones. El resultado es que la carrocería del coche se carga porque la electricidad estática producida por el rozamiento no puede llegar a tierra. Efectivamente, un coche no tiene zapatos de goma pero tiene ruedas que lo aislan del suelo. Cuando el pobre conductor (del coche) baja, pone sus pies en tierra y después toca la carrocería para cerrar la puerta, los electrones allí agazapados tienen por fin el conductor (nunca mejor dicho) que estaban esperando para llegar a (su) tierra. Cuando nuestra mano está a punto de tocar la puerta, una fila de electrones salta en forma de chispa hasta nuestro dedo produciendo la sensación de calambre tan molesta.
¿Cómo evitarlo? O conectamos nuestro coche a tierra con una de esas antiestéticas cintas (ya casi no se ven) para que los electrones tengan un camino decente por el que escapar, o antes de tocar el suelo con los pies tocamos la carrocería con la mano y así la chispa saltará entre nuestros pies y la tierra y ni la notaremos. También podemos optar por llevar zapatos de suela de goma de 10 cm pero ni es estético ni es cómodo.